GENIAL DESENLACE DE LA POLÉMICA DE OKUDA Y EL FARO

La polémica desatada por la intervención de Okuda en el faro de Ajo llega a su fin gracias a un brillante resultado que consigue una aceptación mayoritaria.


Durante la semanas ada el artista santanderino más internacional se vio envuelto en una polémica, casualmente por un proyecto planificado en su tierra natal. El presidente de la región, Miguel Ángel Revilla, había solicitado el trabajo de Okuda para dar color al tradicionalmente blanco Faro de Ajo, una edificación localizada en la costa cantábrica con casi un siglo de historia. La iniciativa no tardó en adquirir una dimensión política dada la oposición de la coalición Izquierda Unida, quien llegó a llevar el proyecto a la Fiscalía, y que automáticamente se traduciría en una correo de críticas buena parte de la sociedad cántabra. Los comentarios leídos en las redes sociales que se mostraban en contra de la acción de Okuda iban desde justificaciones entendibles, como la preservación del color tradicional del faro, hasta auténticos sin sentidos como la perdida de visibilidad de este. Pero el tema más recurrente que ha puesto en cuestión el proyecto han sido los 75.000€ de presupuesto para la obra, una cantidad que, aún siendo irrisoria si la comparamos con cualquier obra de arte contemporánea, se redujo finalmente a 40.000€.

Fotos de El País y Ahora Cantabria.

“El faro será demasiado visible en un espacio natural en el que no ha de verse la huella del hombre” o “el faro se volverá invisible para los barcos al no ser blanco”; “el color del faro tiene que ser el que ha tenido siempre” o “la intervención es temporal y por lo tanto no merece la pena” son el resumen de algunas de las opiniones contradictorias defendidas por los detractores de la iniciativa y que denotaban que simplemente se trataba de una cuestión de posición política con un desencadenante de crítica social al mas puro estilo español de “quejarse por quejarse”. Lo más curioso ha sido que, en esta ocasión, la visión política más conservadora se pusiera de parte Okuda (quizás en este caso por tratarse de una maniobra para promover el turismo), mientras que las tendencias más izquierdistas han intentando menoscabar su imagen a pesar de tratarse de un artista que defiende unos valores que comulgan con el progresismo.

Fotos de La Vanguardia

Toda esta polémica, encajada perfectamente en el lema “nadie es profeta en su tierra”, ha sido azuzada por diferentes medios de comunicación en Internet. Tratando de dar visiones objetivas y fundamentadas sobre la cuestión, periódicos como El País, han consultado opiniones académicas sobre Arte Contemporáneo, previsiblemente desinteresadas en el arte urbano y con nulo conocimiento sobre este, y expertos en arquitecturas de faros con un punto de vista más conservador si cabe sobre la estética que debe aplicarse a un edificio de estas características. El resultado de la opinión académica: la obra de Okuda no parece entusiasmar ni a unos ni a otros.

Pero como en un cuento, el desenlace de esta historia es entrañablemente positivo, sobre todo  desde la visión del arte urbano. Como viene siendo normal en las obras de Okuda y su eficiente equipo, dos días después de la polémica el faro ya estaba pintado de arriba a abajo y con el impresionante resultado de una composición con 72 colores. En consecuencia, el Instagram del artista se ha colapsado de elogios y comentarios en apoyo tanto a él como a su obra. Muchos de estos, incentivando a la reflexión sobre todo lo sucedido en esta historia en la que el sentido crítico de la sociedad puede poner, en ocasiones, palos en las ruedas a su propio avance creativo. Y es que, al margen de lo que digan críticos, especialistas, y periódicos, ¿no es la opinión del publico lo que verdaderamente importa en una obra de arte de este tipo?

Foto de ABC

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