El rechazo editorial a Rebelión en la granja por no molestar a Stalin

  • Orwell presentó su obra a Faber & Faber en 1944.
  • En aquel momento la Unión Soviética era aliada de Inglaterra.

Cerdo en una granja.

Si Orwell hubiera presentado al gran poeta y editor T. S. Eliot la novela Rebelión en la granja en 1955, seguramente habría sido recibida con gran alegría. Al fin y al cabo, era una notable crítica sobre el estalinismo con ideas troskistas. Pero en 1944, Stalin gobernaba en una Unión Soviética imprescindible para acabar con la Alemania nazi. Eliot rechazó la obra de Orwell en una carta memorable.

En ella, Eliot no atacaba la capacidad literaria de Orwell, si acaso expuso una cierta crítica sobre el papel dominante de los cerdos en la granja frente al resto de animales. Hizo notar ese aire troskista y, finalmente, acabó por decir que no era el momento. No, desde luego que no lo era, ya que el gobierno británico no quería meterse en problemas con Stalin.

Gollancz, la editorial habitual de Orwell, tampoco quiso hacerse cargo del libro, básicamente por los mismos motivos que Faber & Faber. No querían tener que soportar la presión del gobierno en tiempos de guerra. Orwell no se quedó nada contento. De hecho, quiso desquitarse con un artículo sobre la libertad de prensa en la primera edición de Rebelión en la granja, publicada ya después de la guerra por Secker and Warburg. No le dejaron.

La justicia poética cayó sobre Eliot por su carta de rechazo. En ella, no solo dejaba caer que Rebelión en la granja no les interesaba, sino que también le dijo a Orwell que no se molestara en enviarles su siguiente novela. Quién iba a imaginar que iba a ser uno de los grandes libros de la literatura universal: 1984.

Lo cierto es que este rechazo ha perseguido a la editorial Faber & Faber desde entonces, hasta tal punto que el nieto del fundador de la empresa ha pedido a la editorial que deshaga el entuerto. En 2020, Rebelión en la granja pasa al dominio público y quieren publicar la novela en una edición especial, junto con la carta de rechazo de Eliot.

Al menos, no fue una carta hiriente, como la que le mandaron a Orwell desde la editorial americana Knopf: “una estúpida fábula sin sentido en la cual unos animales toman una granja y se hacen cargo de ella”. Desde luego, el editor de Knopf no tenía ni idea de lo que estaba hablando Orwell.

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