De acuerdo con los expertos en materia de danza, un coreógrafo es, básicamente, un coordinador que trabaja con el cuerpo, el espacio y el tiempo. Este labora con las artes espaciales, toma en cuenta la altura, el color, el ritmo, los movimientos, la palabra, el silencio, entre otros para convertirlos automáticamente en un cruce de elementos.
Sin dudas, se trata de una actividad basada en la experiencia y la práctica, porque la composición es algo que no puede enseñarse. Lo que sí se puede estudiar es cómo componen otras personas para aprender un espectro de combinaciones y movimientos posibles de aplicar. Una vez aprendido esto, cada coreógrafo debe crear su propio sistema, inventando y modificando a cada paso.
“Yo trato de combatir el mito de que las ideas aparecen de la nada, en un momento de iluminación” dijo Oscar Araiz, director artístico del Ballet Estable del Teatro Colón, quien además mencionó que para armar una coreografía primero hay que sentarse a pensar y es entonces donde surgen las ideas, a veces movidas por determinados disparadores.

El coreógrafo explica que la parte fundamental del proceso es cuando se ponen en movimiento los cuerpos. En general, según comentó, es la partitura musical lo que suele guiar su coreografía. Es por eso que los bailarines deben aprender a contar los compases, las métricas y los diferentes tempos. Muchas veces, las ideas básicas inspiradas en el análisis musical, son modificadas al compartirlas con el equipo.
Asimismo, considera fundamental preparar mentalmente el esqueleto de la obra, a lo que luego se le incorporará la carne, los músculos, la sangre y el color. Y considera que en ocasiones es mejor no tener todo decidido, para darles un amplio margen de decisión a los bailarines. Explicó que trabaja mucho visualmente, dibujando todo el tiempo en unos cuadernos que siempre lleva consigo. Los dibujos anticipan estos movimientos que, cuando se concretan en el cuerpo del bailarín pueden modificarse o no.

Para el coreógrafo mencionado a veces de la interacción entre la teoría y la práctica, con sus idas y vueltas, surgen cosas inesperadas “me parece interesante que el intérprete vaya eligiendo él mismo lo que quiere ir haciendo, poco a poco”.
Una de las particularidades de la danza tiene que ver con que se trata de un movimiento capaz de provocar reacciones en el espectador. Es común ver que alguien se emocione, e incluso llore en una obra “la danza no está filtrada por la cabeza, sino que es algo emocional. Eso no quiere decir que la razón quede afuera del proceso, sino que se alude más a la sensibilidad personal que a lo intelectual.”
Debe estar conectado para enviar un comentario.