Actor de cine desde los 12 años, cantante, animador de televisión y la voz que todos los diciembre despide el año, el paraguanero Néstor Zavarce, dejó un legado artístico y musical a Venezuela que se recoge en las páginas de “La vida pasa”, biografía escrita por José Zavarce, su sobrino, una de las personas más cercanas al desaparecido cantante.

En entrevista, José Zavarce comentó destalles de la vida de don Néstor y la querencia por su tierra natal a la que siempre amó.
-¿Cómo surge la idea de escribir la biografía de tu tío Néstor?
La idea fue de él. Mi tío quiso dejarle este libro biográfico a Venezuela. De hecho, el nombre de Cuando la vida pasa se lo puso el mismo. Él había comenzado a escribir sus memorias y yo le ayudé a recopilar información para el libro.
Ninguno de los dos pensábamos que él no lo iba a ver materializado. Lamentablemente no pudo verlo. A mí me tocó terminar de escribirlo, pero cuando falleció ya estaba hecho aproximadamente el 90% del trabajo.
-¿Los últimos años de la vida de Don Néstor?
Vivía solo, porque le gustaba mucho su independencia; vivía en un pueblito cerca del embalse La Mariposa, se entretenía con sus mascotas y sus matas, quizás le recordaban su infancia en el campo, en la hacienda Miralejos, aquí en Paraguaná; siempre hablaba de ese lugar.
Gozaba de muy buena salud, su enfermedad fue repentina. Pero hasta sus últimos días estuvo lúcido, alegre y conservaba su voz; él nos cantaba personalmente Faltan cinco pa´ las doce todos los fines de año.
-¿Alguna anécdota acerca de Falta Cinco Pa´ las Doce?
Muchas personas se preguntan cómo se hizo el sonido de las campanas en la canción Faltan cinco pa´ las doce, pues no se sabe si lo que se escucha son campanas reales y la verdad es que no lo son.
Aníbal Abreu, una de las personas que entrevisté para realizar el libro, era director musical de la RCA Víctor y me comentó que al momento de grabar la canción no tenían con qué hacer el sonido de las campanas.
Entonces él se buscó un xilófono de la orquesta de Chucho Sanoja que estaba en el estudio de grabación; lo prestó sin permiso, claro, era muy amigo del maestro Sanoja, y así se hizo el sonido. En la segunda oportunidad, se hizo con varias botellas llenas con agua a distintos niveles esas son las campanas que se escuchan todos los 31 de diciembre.

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